Los desvelos.

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Entre las sábanas y la sinrazón oscura
de mis temblores y mi huida,
dónde solo me sentí segura,
dónde no guardé maldad ninguna,
ahí, ahí es donde me escondo
clamando a la luna y a la muerte
un por qué, un con quién, un ahora.


Burlando la química entre comidas,
escabuyéndome del deber y la razón
que nunca recuerdo haber proclamado,
que hacen por mí cuando yo no quiero:
me desvelan, me arañan, me envenenan,
me deshacen, me desatan y me aturden.
Como la vida, como el amor, como el dolor,
como tus ojos en la negrura de mís días.

Temblores y fiebres salubres,
saladas de herrumbre y mal hacer
cuando yo no te pienso ni te grito, ni suplico.
Cuando tú me rescatas y desarmas mi orgullo
herido de muerte en tu querer y en mi mente,
y en tu mirar, y en mis libros, y todo amanece.
Y así, se oscurecen los meses.

Comentarios

  1. Los desvelos, los desalientos, etc...¡cómo embriagan nuestro corazón!, producto de constantes búsquedas y contratiempos, que nos producen desazones y proyectan nuestro dolor, más alla de lo que verdaderamente somos capaces de sentir. Pero todo pasa, se absorbe como una esponja y se va macerando en nuestro interior, hasta llegar a comprender, lo complicado que somos, en el sentir, en el padecer, en el pensamiento, en el análisis.....entonces ¿que falla? la SINCERIDAD, palabra clave para que esos desasosiegos, desvelos y desalientos no se produzcan.

    Trasguyo

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  2. La sinceridad con uno mismo, y con el mundo. Toda la razón, Trasguyo.

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