Batallas.

Franca desnudez la de tus brazos fríos y serena destrucción la de tu espalda blanca. Tanto, como fiel a la locura tu alma desatada. Dijiste bella y admiraste fugaz, y escribiste y teorizaste sobre la razón de tu implosión, invisible a los sentidos. De noche y aguaceros llegaste brillando la armadura de amazona, y de día y sol radiante aún ahumada marcha tu valía, sin zurrón ni carcaj que atesoren la experiencia. Tu silueta, desdibujada en tus andares, arrastra los gritos y llantos de una guerra sin principio ni final, manchando de sal y fuego tu corazón quemado y roto, enturbiando más aún la débil voz del recital. Hasta los templos cerrarán las puertas a tu paso y los mercados y los gatos y los perros se esconderán temblando; las madres protegerán con su cuerpo el de los niños y buscarán la oscuridad intermitente en la luz de la ventana. Sobrevivirás al disparo a quemarropa y a su cicatriz recordando en el proceso la disyuntiva en la traición, sin suspiros ni perdones a tus manos. Llorarás tu destierro cada atardecer y morderás tu lengua, olvidando, por mujer, el nacer de tu enemigo y el morir de la amistad.

Olvidando, por mujer, el porqué de mi mano tendida y de la opción de redención.

Comentarios

  1. Olvidar tantas cosas que te pueden salvar para dar espacio a las que te destruyen... Me gustaría dejar de hacer eso, aunque es verdad que por sistema las mujeres tienen más ataduras.
    Me gusta la descripción de todo lo que da la espalda a esa guerrera, Bombilla.

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