Cada septiembre emocional.

- Podemos hablar del tiempo, si tú quieres. Podemos hablar de la mirada de aquel niño, o de tu primera sonrisa a escondidas. Podemos hablar de por qué no volveré a escribir y tú no volverás a cantar, o de por qué tan cómodos en la sinrazón de la rutina hemos dejado de sentir. Verás, han sido los años y la amargura de no poder amarte lo que me hizo un día despertar del autoengaño. Quise más que nada olvidar aquel día que olías a un perfume que no era el mío, intenté que los besos fueran sinceros pero me mentí y me encontré muchas veces cobarde en los brazos de cualquier otra mujer con la que no había nada más que el pacto del momento y la despreocupación. Tenías razón, ya no íbamos a ningún sitio porque siempre eran los mismos, pero, joder, podías haberme dicho que tu corazón ya no me amaba porque ama lo que fui. Si lo hubieras hecho te habría dicho la verdad, una sola verdad después de tantos años. No eres, no somos, no queda nada ya.
- Te quiero.
- Te quise.

Comentarios

  1. Y con esa frase tan corta nos habríamos ahorrado tanto sufrimiento, tanto divagar de pensamiento, obra y palabra.
    ¿Por qué seremos tan cobardes a veces? Me desasosiega pensarlo.

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