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Mostrando entradas de marzo, 2013

Miedo.

Miedo,
de un ídolo falso
y de adoradores sordociegos.
Miedo
de la corrupción no de un alma,
sino de una mente entretejida.
Miedo
de olvidar la lealtad quijotesca,
de ser el reflejo multiplicado de un espejo roto.
Miedo,
de olvidar la risa
y de arder en el fuego azul del hígado.
Miedo
de un olor y un latir acompasado,
imperturbable e hipnótico.
Miedo
de la consciencia entrenada
y de los muros envueltos en hiedra,
muros de anhelos y pesadillas,
de soluciones sin problema.
Miedo de yo,
mi gran dilema.

El circo.

Érase una vez un circo que en los últimos años cada vez tenía menos éxito y clientes. Había tenido que despedir a gran parte de sus estrellas: al perro que hablaba, a las plantas comedoras de ratones, a los gemelos negro y blanco que siempre peleaban, y al libro que dictaba el porvenir. Desesperada, la Dirección del circo decidió reunirse para intentar encontrar una solución. Tras mucho tiempo de deliberaciones que duró los viajes entre más de tres ciudades, de repente el Jefe de los Payasos creyó encontrarla:
- La vida de circo ambulante siempre fue atractiva para viajeros y soñadores. Tenemos mucha más diversión que mostrar fuera de la función, hasta entre nosotros nos sorprendemos del entrenamiento del acróbata o de la habilidad del domador. Si dejásemos que el público nos acompañara y visitase en cada ciudad, ¿quién no querría venir? ¡Seríamos El Circo con Público!
A todos les pareció una gran idea. ¿Quién no querría aventurarse en esa vida de promesas de diversión, siempre al alcan…

Carta.

De todos los enemigos a los que me he podido enfrentar, sin duda el tedio es el más duro. He sobrevivido al odio y a la deshonra, como he sobrevivido al amor y a la amistad. Pero no ha habido nunca un enemigo mayor que el tedio. 
Contra todos mi único arma siempre fue el tiempo, he aquí por qué resulta tan terrible. Muchos dirán que la solución a todo es la voluntad, pero yerran en un delirio positivo. La clave está en el tiempo. No en el paso de los días y los meses, o quizá sí. Me refiero a que lo que importa de verdad es el paso de los minutos en función de los segundos que tú sientas que éstos tienen. Gestionando mi tiempo, a veces incluso entreteniéndolo, he conseguido superar cada década con una sensación de relativa tranquilidad. Pues un hombre viejo con una buena vida jamás duerme en paz, ya sea por no seguir la vida buena, o por no quererla. El tiempo así como mi mejor arma, también ha sido mi mayor traba y casi con total seguridad, la razón de mis otros enemigos.
Pero el tedio…