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Mostrando entradas de septiembre, 2013

Desamor de la risa.

Así que le has quitado el sonido a la risa. Has marcado un silencio con tu pincel preferido, y te has ido con un gesto tranquilo y mentiroso. Vaya con el valor del truhán. Me gusta esa revolución tuya tan convencida como convincente, es decir,  prosaica. Te queda muy bien con los tirantes verde sinvergonzonería. Lo que es una lástima es que tu camisa de cuadros no hace honor a tu falsa modestia, cuando sabes que no sangrarás más por más estocadas que recibas. Esos ojos lastimeros... son tu mejor baza, sin duda. Qué interesante tu andar independiente. Vete allá, tan lejos como quieres presentarte, y llévate lo robado. Total, es sólo mi risa la que quiero recordarme.

Lecciones de escuela: sobre la muerte.

Primera proposición.
Somos incapaces e indignos de explicación alguna.
Segunda proposición.
Los secretos son voces desde hace tiempo:
la muerte no es sino un aspecto más del desquite
que es el resumen de nuestra existencia.
No el definitivo: uno más.
Cuarta proposición.
No hay respuesta al tiempo fugaz
si buscas respuesta al margen de la muerte,
al margen del miedo.
La muerte no es la muerte,
es el miedo.
Morimos.
Piensa: no envejecemos.
Morir es diferente de envejecer,
sólo se envejece en los cuentos y en las felicidades.
El miedo es la garganta
y el pálpito
y el vacío.
Conclusión.
Si has de hablar de algo,
no hables de la muerte.
Tradúcelo.

Habla del miedo.

Veintidós de septiembre.

Llegará la lluvia
atada al chocolate que nunca tomaremos.
Nos sentaremos en un sillón imaginado
a cientos de kilómetros de distancia,
y ése será nuestro otoño.

Te conformarás con sexo sin rostro,
ese sexo que te obsesiona
y dirige tu juego y tus pasos y tu hálito.
Porque así te acomodas en otro pecho
que no es el que anhelas,
pero abriga.
Y, sin embargo,
nada cubrirá la ausencia de la mente.
La mente, que fue una.
Que jamás volverá a ser una
y será dos, como debió haber sido siempre.

En nuestro primer aniversario,
que apenas parpadeaste,
me asaltó la duda:
¿serán todos los años como éste?
¿Será que el olvido avanza,
y tú le dejas,
y yo le animo?

No hay mundo de musas
sustitutivo de éste.
Aquel y éste son el mismo,
aunque no quieras aceptar
que tus musas te mienten.

Por favor, despierta.
Deja de soñar con otoños,
con caderas y acción,
con las máscaras que te sonríen
creyendo conocerte.
Y regálanos un veintiuno de septiembre.

Conversación de media tarde.

- Verás, el problema está en que ya no se trata de echar de menos. Ya sé que no lo hace, y es mucho más sencillo que la excusa del "nunca me quiso como me quiso querer". Se trata de que yo era una idea fantástica, una puta idea que se convirtió en otra llamada decepción. Mientras, todas las demás cambiaban, pero mi decepción fue una parálisis de puro pavor. Ni siquiera se dio cuenta... Y aquí estoy, con un corto de café sin hielo en invierno, los pies jodidamente fríos y rabiada como lo estaba hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo. Qué manía tienen las ciudades pequeñas de esconder lo que no deseas ver en cada esquina, joder.
- Bueno, eso es según se mire. Mi ciudad pequeña, la que de verdad me ve vivir, no tiene esa manía. No puedo llamarlo manía, si sólo te veo a ti. Es una bendición. Aunque rezongues cada martes con los labios cortados y el pelo encrespado. Sólo te veo a ti.

Poema a nosotros.

Quiero gritar lo que nunca me atreví a confesar,
si con eso consigo cambiar el mundo.
Quiero mañanas oscuras y noches luceros
para no enfrentar la realidad de que hemos muerto.
Quiero amor y pasión sin objeto,
¡simplemente amor y pasión!
Amor y amar... 
amar no ha sido más que en la ruptura.
Pero, por alguna razón,
yo me obceco,
y tú te desnudas,
y se me olvida la rabia,
y se me engancha la risa.
¿Por qué? Me pregunta mi yo.
Otro de mis yo, que eres tú, le contesta:
Quizá el Destino se enfadaba
al vernos a nosotros escapar de su influencia,
condenados por los hilos del odio,
alimentados por la droga del sexo.
Quizá Él, 
que nunca pudo ser nosotros,
deseó tanto nuestra muerte
que no pudimos hacer nada.