Conversación de media tarde.

 - Verás, el problema está en que ya no se trata de echar de menos. Ya sé que no lo hace, y es mucho más sencillo que la excusa del "nunca me quiso como me quiso querer". Se trata de que yo era una idea fantástica, una puta idea que se convirtió en otra llamada decepción. Mientras, todas las demás cambiaban, pero mi decepción fue una parálisis de puro pavor. Ni siquiera se dio cuenta... Y aquí estoy, con un corto de café sin hielo en invierno, los pies jodidamente fríos y rabiada como lo estaba hace tanto tiempo que ya ni lo recuerdo. Qué manía tienen las ciudades pequeñas de esconder lo que no deseas ver en cada esquina, joder.

- Bueno, eso es según se mire. Mi ciudad pequeña, la que de verdad me ve vivir, no tiene esa manía. No puedo llamarlo manía, si sólo te veo a ti. Es una bendición. Aunque rezongues cada martes con los labios cortados y el pelo encrespado. Sólo te veo a ti.

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