Circe de Hécate.

Lo que más extraño de ti es tu magnificencia. Tu alma henchida en tus picos adrenalíticos que rompían corazones y braguetas. Pero la extraño cuando la tenías allá dentro, en tu cabeza, y me hablabas mientras fumabas y mirabas al frío. Porque no he visto mujer más ecléctica ni droga tan cascada como tu nuca recién levantada. Tosías al incorporarte en la cama, y tenías toda la vida hecha bebiendo el café de ayer, o de cualquier otro día.

¿Cómo no voy a odiarte si te malquieres a remiendos? ¿Cómo no voy a adorarte si cada vez que te dicen que ya tienes edad para ser una mujer, te importa menos que nada y te ríes de todos de puntillas mientras los miras a los ojos? Si eres un caso perdido, y te encanta, aunque lloras las noches impares porque te gustaría ser otra en las tardes oscuras. Sé que en el fondo lloras, pero que el cambio te atosiga y minuto a minuto te ves a ti misma haciéndole frente, con tu puto sentido estético que me pilla por sorpresa y me hace replantearme mi moral y la de todos.

Lo que más extraño de ti es tu magnificencia, porque bien la quiero ahora, justo en este momento, guiando mis pasos de tuerto. Que se me está perdiendo el alma en demasiadas tiradas de dados y cuadernos escritos de silencio.

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