Poesías a la velocidad de la luz.


No hay arma eficaz contra la poesía, lo siento.
Es el más cruel de los espejos,
la más fulgurante utopía.
Fiel retratista de mis fantasmas más oscuros,
de la ponzoña,
y del gozo de habernos visto en los momentos que aún no hemos compartido.
Pero aparta ese egoísmo del poeta:
he decidido regalarte versos pensados y por pesar
aunque no hayan querido enfrentarlos.
Llevan un lazo a cuadros,
-todo en ti es ese tejido escocés, y bien que lo sabes-.
Antes y después del silencio,
me preguntaron si eras el medio,
el paso,
el atraso,
o el rato.
Fue por la poesía que supe responder:
que eras el hecho, el fin, y hasta el plazo.


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