Los principios, o la vida.

Los principios, o la vida. No me interesa lo uno sin lo otro, prefiero morir a sentir la traición hormigueando la yema de mis dedos. Hace tiempo olvidé muchas de las cosas que creí haber aprendido. Como, por ejemplo, que la expectativa daña. Como la mentira, como la manipulación, como la ausencia de escrúpulos, como el error que no se subsana. También olvidé que la duda no cabe en ciertos casos, que no hay gentileza posible en lo que a supervivencia se refiere. Somos puros animales, y bienvenido sea. El sexo no se escribiría con mayúsculas sin ello. Ni el amor de una madre hacia su hijo. La condición humana nos determina tanto que cualquier predicción es acertada si se adereza con una pizca de sentido común, que a tantos nos falta. Esto es, en lo que los hechos demuestran, que es la vida una, y que se acaba.

Que no somos nadie, para nadie, para nada.
Que si somos somos sólo en nosotros mismos, sin espejos ni altavoces ni delirios de grandeza imaginada.
Que no hay más energía vana que la que no debes al presente porque sólo el presente existe, el pasado es recuerdo y el futuro, ansia.

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