Los nombres

La paz tiene nombre de jamás, de que jamás volverán tus pestañas carbón y tu espalda alejándose. La paz tiene nombre de vacío, de vacío limpio y no de ausencia, de revestir de cortinas nuevas una habitación vieja, de una mano de pintura y energía nueva. La paz es esa combinación extraña de interruptor y tiempo que convierte la resignación en una sonrisa simple intocable, esa recompensa que llega cuando piensas que hace tiempo dejaste de ganar por ella. La paz tiene nombre de que ni tu voz ni tus palabras significan.

Es cierto, han sido quinientas noches de pelea y sudor y sangre y rabia, de pérdida, de hastío, de inocencia. Pero he podido nombrar la paz, y no hay mayor tesoro que guarde ahora mi alma: la paz tiene el nombre del adiós que la precede.

Si he de elegir moraleja, es el impulso que da la paz para la guerra. Pero otra, ya no ésta.

Una guerra exclusivamente mía. Manifiestamente viva.

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