Por ejemplo, un sueño

Tengo un sueño de kilómetros y paisajes sin que me encuentre la lluvia. De salir a bailar en su amenaza, hundida en la hierba y su concierto de olfatos. La infinitud a mis pies y ante mis ojos, sin mayor exigencia que ser vivo. La banda sonora de esa guitarra de otro mundo en diez minutos que son horas y sólo un instante, que procede del genio y a él tributa. Tengo un sueño hecho del tacto del frío y el ímpetu del fuego escondido entre los gestos, de ese perderme a la vez que avanza la curva de esta espalda al compás frenético de un latido.

Tengo un sueño de papel quemado y cartas nuevas escritas con el mismo bolígrafo con el que escribí las viejas, que sean ceniza o polvo sacudido fuera. Tengo un sueño de vigas de madera y muros de piedra, de catorce escalones de baldosa arriesgados al hueco de una inexistente barandilla que, para qué negarlo, lo que importa no es que exista. Tengo un sueño de suficiencia, de libros, de folios, de éxtasis, de imprenta.

Ojalá sean esas cosas las que siempre guarde a la derecha, donde llego a verlas.

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