Transcripción de un diálogo imaginado

- Mira, cuando envejezcas, no se te ocurra esconder porno debajo del colchón. Sobre todo, que nadie te vea mirar por la calle a esas jóvenes que podrían ser tus hijas y más aún, que nadie te vea mirarlas cuando te hablen.-
- Pero...-
- Que más allá de los cincuenta no se folla, chico, que está mal visto. ¿Quieres ser un pervertido? A partir de los cincuenta sólo te quedan los libros, las pelis de los sesenta y echar a andar monte arriba. Tenlo cristalino, despídete bien en estas décadas del sexo que cuando llegue el medio siglo se consagrará como utopía. Para algo eres hombre y tu cuerpo te dice que a partir de entonces como mínimo necesitas dos pastillas.-
- No tenía intención yo...-
- No me interrumpas. La vida tiene estas cosas, te lo digo yo, bien que lo sé. Si hubiera sabido esto a los veinte, no me hubiera echado el guante ninguna. Pues no me iba a haber aprovechado yo de inocentes y pulcras... Las más putas de todas.-
- A ver, mi mujer y yo...-
- Como que te crees que tu mujer va a estar para ti. Pues no, chico, estará para el jardinero, o el compañero ese del curro, o para el barman que tiene la edad de tus hijos. Te lo digo yo, bien que lo sé.-
- Oiga, ¿y yo no puedo fijarme, y ella sí?-
- Pues claro, si aquí quienes siempre llevan la sartén por el mango son ellas. Además, con esta moda de la revolución sexual femenina están que se lo montan con cualquiera, y todo el mundo encantao. Pues no me la lió a mí veces la Paca... Pero claro, yo me enteré de todo bien tarde. Bueno, chico, nada, lo dicho, que ésta es mi parada. Espero que te haya quedado claro. No se te ocurra hacerlo, ¿eh? Ni presumirlo. Sobre todo, ¡no presumas! Que a partir de los cincuenta no se folla. ¡Adiós!-

Vaya tipo.

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