Empieza con y

Adiós.
Te presento el destierro de la ilusión de ver nevar.
O no.
Y el destierro de la ilusión de recostarnos.
O tampoco.
Quizá en lugar de adiós deberíamos habernos dicho hola más veces que las que nos dijimos el odio, tan maravillosamente descrito y modulado.
Si he de dar una razón, seguramente sea que nuestra cruzada olvidó su destino y se quedó en la primera encrucijada en la que ponía la palabra libertad.
Qué de desgracias tiene la vida.
Qué de fascinantes casualidades.
Qué de pocos momentos de cuerpos desnudos. Siempre serán pocos. Como de mentes desnudas.
Pero qué de belleza, no me lo niegues. Al alcance de un paseo.
Hoy me lo enseñó un fotógrafo, tan concentrado que no me vio parar mi caminar antes de invadir su foto.
Hubiera sido una foto furtiva, ¿no crees? Por furtiva yo, por supuesto. Sin ningún derecho de intromisión.
Me dijo que la vida estaba llena de belleza, me lo dijo una sonrisa. Tímida, superados los cuarenta, concentrada, el pelo largo. Creo.
Me recuerda a un paseo que di no sé con quién.
Hoy aprendí otra vez que una sonrisa mejora el sabor de casi todo.
Adiós, adiós.
Destiérrate.
Yo me quedo la ilusión de ver nevar.
Y la ilusión de recostarnos.

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