Hierro

Febrero está muerto, ¿lo ves?
Todos nosotros lo estamos antes de nacer.
Nuestro sentido vacío se consuela en dar lo mejor de nosotros, que no es nada.
Existimos para el arte, para el amor y la mayor atrocidad.
Algunos tenemos más sentido que otros, algunos no tenemos sentido ninguno, y nos malgastamos.
Una pérdida tan pequeña que nos aterroriza, el sentido de morir.
¿De qué sirve el éxito? ¿La miel?
En la inmensidad, no somos en nosotros sino en lo que otros piensan que somos.
Dolemos, nos duelen. Amamos, nos aman. Y no necesariamente en ese orden, ni en esa reciprocidad.
Nuestra maravilla reside en nuestro sinsentido.
Sólo somos en la pelea agonizante.
¿Y qué son los que no pelean?
¿Y qué son los que no saben qué es pelear?
¿Y los que lo hacen y mueren?
¿No son los mismos muertos que los que se exponen una y otra vez, y acaban pereciendo?
Explícame por qué nos velamos los ojos y hacemos oídos sordos a lo efímero de vivir.
¿Cuántos hay que ahora mismo lloran?
¿Qué es lo que nos queda?
Dímelo, ¿qué es lo que me queda?
Además de haber perdido años en el ridículo de la ceguera.
Además del miedo a morir.
Bien cierto es, la lucidez es torturarse.
Y nuestro sentido, caminar.
Para no llegar a ninguna parte.
Para llegarnos a nosotros.
Para llegarme a mí, que soy mi parte de ninguna.
No hay nada más que imposibles en la vida, y la única certeza es la muerte.
Dime tú cómo se salva.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La pérdida

Nadie da un duro por ti

A "Joven y Bonita"