Noches y silencios.

Somos silencios.
No hay preguntas, requisitos,
expectativas.
Somos un papel en blanco manchado de sudor
sin sangre o lágrimas.
Somos la entrega más íntima
sin precinto;
como precio,
el momento,
pero sin abrazo,
fortuitos,
obcecados,
sin sabernos.
Somos cualquier incógnita despejada
de una noche, de una tarde, 
sin la cortesía de un café.
Somos el alba que despunta,
la piel sin huecos,
el punto exacto,
el afán compensatorio.
Somos lo que recuerdo como un sueño.
Un sueño sin audio,
un silencio.

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