Oscuridades

Hubo un tiempo en que borré una parte del mundo.
Allí, echar a volar pareció siempre fácil,
huir y enfrentar los fantasmas en el mismo momento,
algo completamente absurdo en mis pies inmóviles,
por más que mi corazón se ahogara de venenos.
No imaginas...
¡Cuánto tiempo evité mi oscuridad
y qué oscuridad abracé al hacerlo!
Entretanto me escondí en otras oscuridades,
siempre la autoridad de la razón en mis palabras,
junto a la vorágine de pretextos y lágrimas extrañas.
Pero esas oscuridades nunca fueron de suficiente negrura,
ni aun habiendo existido en mi piel;
no vi en nadie jamás tal estoico sacrificio
mas que en mi mente y en mi alma aletargadas.
Sé que hedoné no se habría decepcionado
pero yo sí lo hice al conocerlo en sus retazos;
por ellos vendí humo que sirvió a hollines sencillos,
aunque no creyera realmente en el carbón
por más que me fuera tiznando.
Ni siquiera el entretenimiento,
ni el mayor de los placeres
-que es el papel viejo y no la carne-
consiguió que me olvidara de la huida de mi propia oscuridad.
Hubo un tiempo que ya no es pero existió y me conforma,
agarrado a mis faldas y a mis pies y a mi espalda.
El sentido me ha dicho que lo abandone,
implacable, incuestionable, indescriptible,
pero mantendré la paz y no dejaré que huya
-o al menos, no como yo lo hice-.
Hubo un tiempo que ya no es pero existió y me conforma,
y como tal, yo soy,
y como tal, condena.



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