Culpable

Hipocresía quizá fue más vivir como tú viviste que vivir como yo lo hice, pero no por ello la mía fue menor hipocresía. Si la única manera de respirar era cobrarme el oxígeno de tus pulmones, anegué también con agua salada de miedo todos tus órganos vitales, todo tu cuerpo, por si acaso. En llanto. En llanto convertí tus días en calcos, en llanto mío dejaste tú de oír el tuyo, y de ver colores e ideas, y de oler perfumes casi permanentes. Mi piel, mi piel era un fantasma ejecutor que obligaba la tuya por salvar lo insalvable, por prorrogar agonías bilaterales que daban sentido a mi existencia, por realizar las fantasías más despreciables mientras la realidad se resumía en cuentos. Desprecio, eso es el estómago que te vuelca y las vísceras que me muestras sin separar apenas los labios, con las pupilas insondables que matan tu rostro. Y la mandíbula lisa, y el gesto contrito en rabia sin opción a conciencia alguna. Si para robarte el oxígeno fui excusa, seré los hombros sobre los que caiga la condena ya eterna de mi vida: tras conocer tu miel, sé que las del resto, sólo serán hieles.

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