Frágiles.

Somos más que frágiles. A la vejez, al tiempo, al infortunio, a la lluvia, a la tormenta, a la abrasión. Si quedaba algún resquicio, ya no tengo esperanza de encontrar un sentido: nuestra existencia es inexistente, sin soñar ser la nada, siquiera. ¿Es que no lo veis? En vuestros tobillos lucen las cadenas de vuestra condición de ser humanos, terriblemente humanos, vuestro destino ineludible. No me digan que aún hay consuelo en la lucha animal, si ya estamos condenados a la muerte y a la insignificancia desde el mismo momento en que nacemos. ¿Qué hay, qué queda? Sólo la opción de hacer historia, diréis, pero ésa tampoco existe, si yo hago historia, jamás la veré. Devolvedme la ignorancia previa a mi desesperación, no quiero saber, no quiero ver, no quiero oír, no quiero esa voz que grita en mi estómago que todo está perdido y que ganar fue una ilusión. Decidme cómo encuentro a Pandora, os lo ruego, salvadme. En mí ya no encuentro más que vacío. Y en la calle no encuentro más que sus indicios.

Comentarios

  1. Me encanta. Es la historia de siempre, como todo, pero genialmente expresada. Acabo de descubrirte y me apetece mucho seguir leyendo. Un saludo.

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