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Mostrando entradas de abril, 2014

De obviedades y otros asuntos

Creo que puedo afirmar con la calma que te da la certeza que nadie te ha conocido como yo. Es más, esa calma me permite llegar a afirmar que, en realidad, nadie, probablemente jamás, llegue a conocerte por encima de eso. Tiene que ser complicado respirar en el pasado. Vivir sin significar, buscando la lástima en cada movimiento. Hace poco me dijeron que aquel que siente compasión por alguien le está robando su dignidad. Yo contesté que quien busca la compasión de otros se la quita mucho antes de que éstos la sientan. Creo que esa respuesta nos excusaba; a fin de cuentas, no soy capaz de dejar de sentirla, ni tú capaz de dejar de buscarla.
No concibo cómo has comprendido tan mal la soledad, habiendo comprendido tan bien tantas otras condenas. Tantos talentos tan mal empleados... Lo cierto es que de ti -después de ti, más bien- aprendí a percibir el lacónico brillo de la moral elegida. Que por breve no es menos paralizante, ni por elegida menos extenuante. Pero en la piedad y los princi…

Consejos de edades viejas

Tranquilo, pequeño, las cosas van saliendo bien.

Tú, si alguna vez te pierdes, busca dentro. Y si no te encuentras, abre los ojos más que nunca para buscar más allá de lo que consideres fuera. Los sentidos nos engañan tantas veces... Y a menudo, también nos confundimos. Pues no me sentí yo confundido nunca con tantas idas y venidas, tanto amanecer y tanto atardecer en tierras diferentes... Hasta que aprendí, como tú ahora, que no hay más polvo importante que el del camino que ahora andas. El resto que fue, ya ¿qué más da? Y del que viene, ¡ah! Ése es el más divertido, el más emocionante, tú no dejes de curiosear. Y no dejes de hablarte. Háblate. Y duda. Pregúntate. Y abraza, y besa ¡y goza! Fascínate. Regala cariño, manténte honesto, restaura tu honor si alguna vez te atrapan y tienes que tragártelo, yo tuve que hacerlo al menos tres veces. Deja para otros sus asuntos, acaricia y entrégate a la lumbre y a las mantas en invierno, que de sudar se encargará tu cuerpo. Esfuérzate siempre,…

Carta de despedida

Te encantaba preguntarme cómo te conocí, y nunca te lo conté. Ya sabía que la verdad no te resultaría precisamente satisfactoria; no había luz, ni paz, ni nobleza, ni bondad. Para ser honestos, te miré por primera vez dos segundos después de que te hubieras ido, fíjate si nos faltaba coordinación. El bar estaba vacío pero aún olía a café y a cerveza, y aún flotaban aquellos últimos quejidos: Jesus died for somebody's sins but not mine. Vaya, como si los estuviera escuchando ahora mismo. Como si aún retuviera tu olor dominante sobre el café y la cerveza. Como si ver tu cazadora y tus zapatos altos marchar hubiese sido suficiente. Un tanto tarde.

Corrí detrás de aquella imagen, no lo suficientemente rápido. Huiste sin saber que ya te deseaba como nunca a nadie desearía. El resto de la historia ya la sabes; meses después me crucé contigo a pesar de no quererlo, de no haber dejado de pensarte, y entonces jugaste a conocerme tú.

Para qué vamos a engañarnos, ¿eh? Fortuna es bastante zor…