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Mostrando entradas de mayo, 2014

Ellas

La he visto indiferente, como la he visto impasible, y no sé cuándo la he temido más. Toda ella fuego, toda ella frío implacable y desalmado roto por dentro. Vi su papel y el mío invertidos, su valor y el mío, su sonrisa intuida. Volé a su zaga, bebí sus montes en el delirio pasional de dos mentes admiradas. Ella me enseñó la diferencia entre la resistencia y la fortaleza en la miseria y frente a ella; me dio sentido.

Ahora la miro muerta de miedo en sus pequeñas batallas, y me ahoga la envidia de sus triunfos y sus carcajadas. Ahora la veo tan semejante a otras diosas condenadas por las mismas cadenas, que pienso si no será verdad que en el fondo somos todas la misma. Porque veo su lucha a miles de kilómetros de la mía siguiendo la misma táctica, logrando las mismas victorias. Amargando los mismos fracasos revertidos en coraje, ya desquitadas de la piedad ultrajante que exhibimos frente al espejo, o en el reflejo del cristal. Pero la veo a ella, magnífica, frágil, poderosa, herida.

S…

Agosto

Ha desaparecido un hombre. Y, ahora, otro. Ha nacido un niño. Y, ahora, otro. Mueren, nacen, aman, se van, traicionan.  Crean, se miran, sudan, sonríen.
El pavor, ¿es culpa del hombre o del poder? El sueño, ¿de quién o qué es culpa el sueño? Por qué, quiero saber el por qué de la fe en la crueldad de los hombres. Quiero saber el por qué de odiar el revés de la suerte, el por qué del caos que anuncia el manso estanque. Aceptamos las respuestas porque nos resignamos a su verdad, olvidando que las grandes preguntas jamás tendrán respuesta.
He recordado tu olor. Y aquí estoy, sin saber (si) honrarlo. Ningún sonido me recuerda a ti. Aún. Veo el viento volar en las hojas, y organizar una fiesta de fin de verano. Eres el anfitrión y el invitado estrella al que nadie quiere saludar. Agosto muere, como nosotros. Agosto muere, como morimos.