Madrugada

No sé,
me pregunto
si no será verdad que la vanidad es más de tu almohada que de la mía.
Quiero decir,
no me malinterpretes,
de ese pecado bien adolecemos ambos.
Pero no así de la elección inconsciente y huida de control. Ésa, es tuya. Exclusivamente tuya.
¿Sabes?
Noche tras noche, una batalla de egos baila una hoguera de recuerdos. Tus recuerdos. Y vaya si lo siento, que bailen sólo en tu tierra recién sembrada de esperanzas.
Es que, corazón, no hay juego sin rival, no hay victoria sin juego y, honestamente, tampoco hay ya solitario que tus maltrechas piernas puedan aguantar. Aunque ufano proclames nada parecido a una verdad, cómo no.
Porque, eso es, ¿no?
El desconocimiento,
la desidia,
la soberbia,
el engaño,
la mentira,
la sugestión,
las caricias. Vacías.
La total y ab-so-lu-ta soledad;
hasta el punto de elegir no valer nada, pero valerlo acompañado.
Ha de ser terriblemente complicado probar la miel, soñar la miel y vivir en hieles.
Saberte vencido en una mirada.
Profundamente abatido por el miedo de vivir. Por la ignorancia de vivir. Por la nece(si)dad de la existencia sin propósito.
Lo es. Bien cierto que lo es.
¿Que qué se yo de todo esto?
Sé de los ojos abiertos,
del corazón maltrecho agonizando sinsentido,
de los vuelos sin plumas del pájaro que asume su destino.
Sé de los ojos velados,
de los simples,
de los cautos.
Sé de los que confían en exceso en sus méritos,
y de la justicia que el teatro les impone.
De la condena del Corifeo a los justos,
de la satisfacción intranquila de quien sabe cercano su final y le está vetado a él mismo.
Pero llegará.
Pobre infeliz.
Silencio.
Calla.
Mírala.
Ya
ha
llegado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Instrucciones de uso

A "Joven y Bonita"

Hoy y siempre, a ti