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Mostrando entradas de julio, 2014

Y pienso

Y pienso: ya no te nombro. Ya no nos veo en las esquinas de las que nos adueñamos, ni siento tu piel en el mismo instante en que suena la lluvia. Tampoco busco el encuadre perfecto ni la textura del papel viejo bañado en aromas. No sé qué canción fue escrita para nosotros y su historia, ni sé dónde estaba aquel puesto de gemas. Por más que buceo difícilmente recuerdo el tono exacto de tus ojos al sol y a la noche; se me desdibujan hasta tu pelo y tu abrazo. 
Entonces,
dime,
¿será que no existes?
¿Será que volaste?
¿O será que volé,
será que te olvido?

Tiernamente estúpidos

Me rindo, somos tiernamente estúpidos. Y más estúpidos que tiernos: nuestra más ambiciosa pretensión es parar el tiempo combatiendo necios el sentido del instante, que es lo efímero. Son demasiadas las madrugadas adulterando momentos con recuerdos, confundiéndolos, deslizándome por cada recoveco; si por muchas me refiero al último y no a la vida entera: imagina. La explosión en el pecho de una ilusión nueva, completamente pura, y la condena de saber que jamás volverá a existir: eso es. No de la misma manera, no con la misma mirada, y si lo hace no será nueva: ése es el precio a pagar. Y los intereses, ya usura: dudar del juego sucio de mi mente, de las expectativas, de la atmósfera reciente que se escapa por la más mínima rendija.

¿Cómo aceptar serenos la propia sutileza? Es decir, ¿cómo aprehender inviolados la vívida imagen de los hechos? Si ya nuestros ojos distorsionan la misma gama de colores en función de una subjetiva sensación del tiempo. ¿Cuál es la razón de nuestro afán por …