Desde Bélgica

Y mira que dije que no iba a fumar más hasta el verano, cuando la cerveza volviera a regarme más que el agua demasiado transparente con demasiado olor a cloro. Pero se te ocurre la fatal idea de escribirme y a mí se me ocurre la genial idea de que te pires. En serio. ¿Ahora? Con un disfraz vacío de arrepentimiento, como si ninguna de esas palabras hubiera sido nunca dicha. Pero qué valor tienes, hijo de puta.

Saboreo esas consonantes y su eco en el humo mientras miro por la ventana, como si miles de kilómetros de verdad me hubieran hecho sentir a salvo, como si pudiera hacer otra cosa que no fuera esperar pacientemente tu presencia. No te equivoques, tomé la decisión. "Esta vez sólo me expondré una vez". Ya te suena el discurso, ¿eh? Hay que tener agallas para haber planeado durante tanto tiempo la ejecución fría de los pocos trocitos de corazón que me quedan, para presentarte aquí después de tanto tiempo. O mucho tiempo libre. O mucho odio. ¿A quién quiero engañar? Bien te sobran todas esas cosas.

Pero mal sabes que el tiempo y la distancia han hecho bien su trabajo. Vienes ahora, como si fuera como aquellas veces, y apuesto mi mano derecha a que no sabes. No tienes ni la más remota idea de que tu veneno dejó de afectarme en el mismo momento en que, voluntariamente, lo cambié por soledad. Sabía que sería más fácil quitarme de ella que zafarme de ti, de tus engaños, de tus mentiras.

Siempre me quedará la nicotina.
Te abro la puerta por última vez.
Feliz primer aniversario.
Ahora, muérete.

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