Dilema

¡Los escritores felices no pueden escribir!
Y si escriben, mejor que no lo hagan.
Que sean sus obras -y no ellos- pasto de las llamas.
El fuego sólo abre un alma si ésta está dañada,
hecha trocitos,
vacía y ultrajada.
Déjalos que vuelen lejos hacia una nueva infelicidad.
Los que bebemos de su vida también tenemos derecho a mirar.
Y al amargor de sus frutos,
y al amor de ellos dolientes,
y a la belleza de lo efímero
y,
al final,
al erotismo.
Pero tenemos derecho a mirar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La pérdida

Nadie da un duro por ti

Instrucciones de uso