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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Extracto

El aire sabe a sal, la humedad me empapa la piel del rostro y las manos. Caminaba hacia aquí embebido de soledad y vi y oí a las gentes vivir. Eso me regaló una esperanza verdadera: mi condición es la de muchos y ha sido la de más aún. La diferencia entre esta esperanza y tu ilusión es que la tuya fue más que creída, venerada. Sé que esta verdad, en cambio, es mentira para mí. A fin de cuentas, ¿qué servicio tiene para el romántico la soledad ajena? Y más aún: ¿qué hacer con lo que no elegí? Si los brazos que pudieran reconfortarme hablan otro idioma en este mismo instante. Mientras, las olas y estas piedras siguen tan vivas como inertes en su bello quehacer. Nuestras experiencias son tan nimias y nuestro dolor tan grande que la ira me invade por la inocencia arrugada y desvestida.

En la Plaza del Instituto hay una cafetería abierta desde 1965. La Misericordia me invita a tomar un café, o quizá soy yo quien la invita a ella. Casi todas las mesas están llenas de canas, oscuras las pare…

Tarraco

No puedo no escribirte:
a la miel de tu ver
y al tostado de los antebrazos marcados y hendidos
de trabajo y otros sueños.
Vivimos domingos lejanos
desde un jueves a la par,
caminos
a trompicones
que nos han llevado,
por segunda vez,
a un mismo mar.
Dominando ingenuo la experiencia estética,
descubriendo niño la magia de la maravilla.
No puedo más que decir
cuánto te envidio,
si te veo en el sitio en que yo estuve
tantas,
tantas veces.
Especialmente,
el día que empecé a vivir.
Vive, vive tú como hasta nunca,
que siempre nos quedará la aurora,
el pan tostado,
la sinrazón.
Siempre nos quedará la admiración
de sabernos serios,
capaces,
en el fondo,
de artificiar (h)amor.