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Mostrando entradas de diciembre, 2015

Odio

Me sabe la boca a metal, a hierro, a sangre seca. Me supuran las llagas de los brazos, los muslos y la espalda. Me hierve el corte que tengo en la mejilla; callado, segrega algo que no identifico. Camino pie tras pie hundiéndome en la tierra empapada; ella parece lejana.

Olvidé hacia dónde iba.

Intentaron herirme con palabras, sólo lo lograron con traiciones. Lloré yo, lloramos todos, la victoria fue del odio. Creyeron que el silencio impondría su condena, pero grité más rápido, más alto y más fuerte: dejé de leer por escribir, dejé de escribir para leer y vivir.

Te dije que no. Y fue un no cargado de hastío, un no que nunca jamás aceptaste y que muchas lunas más tarde aún peleas. Hay que ser imbécil, y pretencioso, con todas las letras. Vivir en la vida de otros una ilusión de huella ligera. Creer que la cerveza que compartes te unirá más al alma que frente a ti se sienta, embellecida con desprecio. Hay que ser imbécil, con todas las letras.

Y luego, egoísta. A mí, que jamás me impor…