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Mostrando entradas de enero, 2017

Siete

No soy más que el recuerdo vago y familiar de lo que una vez fue, bajo una sonrisa serena y la maravillosa capacidad de vivir discerniendo sin juzgar. Aún tengo fantasmas viejos con los que hablo alguna que otra vez, pero ya no nos reconocemos el uno al otro, ni apenas a nosotros mismos. Porque hablar con los fantasmas es, de alguna manera, dejar de ser el que se es hoy.

He soportado más que nunca, he reído a mandíbula batiente. Me brillan los ojos por vez primera en dos décadas, con ese brillo que da la certeza de la paz y el recurso inevitable en tu hombro. Reservo la media que me falta para hablar de una infancia inexistente reducida a dos fotos que alumbran su desgaste. Ya no escondo, valiente, lo que digo, lo que pienso y lo que creo: mi arma es la desnudez de mi experiencia, de mis ojos y mi sangre.

Sigo bebiendo la fruta del arte que hay en la inocencia de un niño. En su pregunta y su tono, en su curiosidad infinita que rezo porque siga acostándose conmigo. Observo, no obstante, …