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Mostrando entradas de agosto, 2017

No sé

No sé.
Busco y no sé.
Encuentro, figuro.
Desaparece y no sé.
Vuelo y me rompo en tres.
Miro hacia arriba y no sé.
Temo, de todo lo temo, y no sé.
"Empieza despacio."
Un pie detrás del otro.
No sé.
Miro hacia atrás donde tú estás.
De nuevo, no sé.
Soy una niña otra vez, empapada de miedo y sudor.
En el vacío de pensar en tiempos distintos, no sé.
Aspiro al final del invierno,
y quieta la nieve helará mis hojas, y no sé.
Solamente sé de ti.
De esta agonía lenta e insistente de un verano con sabor a cárcel.
No sé, no sé.
Ya llegará, oigo, sé paciente.
Y el ahogo de pensar en un mundo imaginado al frente.
Sin sustento alguno de realidad.
Con la desnudez de lo que hasta hoy existe aunque valga migajas.
No sé.
No sé.
No sé.
No sé...
Camíname tú sin saber.

Hueles a café

En medio de la tormenta, hueles a café. A tu café.
Todas las mañanas, tostada de margarina y pan de corte transversal.
Antes de que salga el sol, incluso en verano, "que tengas un buen día".
Y de repente se me hizo oscuro minutos antes de amanecer, y estuvo oscuro largas horas.
Nunca antes se había hecho oscuro, aunque hubiera habido sombras.
Y esa mañana, olías a café.
"Luego esas cosas son las que escribes", dijiste.
¿Pero cómo no las voy a escribir?
Las escribo porque los olores distintos me hacen volar a otros tiempos, porque nos quiero así, no doliendo y libres: no dolientes.
Mi magia está en el frío de este no verano de nubes y somnolencia, de tanto por hacer.
En los sábados exhaustos y en el "hoy ha estado bien".
Podría seguir describiéndonos cada día y aún tendría cosas que decir, aunque a veces no me salgas.
Digo no me salgas de mí, de aquí de este adentro tan mío cuidadosamente oculto bajo toneladas de sed.
Mañana volveré a decírtelo.
Hueles a ca…

Hoy y siempre, a ti

En el entorno distinto aún por reconocer,
en mis palabras atropelladas de ilusión y vida,
te miro.
En la rabia del mal hendido por otros, de la dignidad traslúcida,
en el saberte de otro mundo nada similar a lo de ahí fuera,
te miro.
En el clamor silencioso de la más vulnerable exposición:
en el sexo alzado de ojos cerrados y pecho elevado,
te miro.
En lo desconocido del futuro,
en lo expectante de elegir,
te miro.
En la confusión de mi más hondo razonar,
en tu tacto de mi piel arrimada contra ti,
te miro.
En la desnudez del hablar sin reservas,
en la única regla impuesta, la honestidad,
te miro.
En las mañanas de suelo frío,
en las noches de sudor que anuncian hastío,
te miro.
En tus ojos brillantes y tu sonrisa de adentro,
en el temblor de tus manos y la ilusión de echar de menos,
te miro.
Hoy y siempre, a ti.
Hoy y siempre, te miro.