Hoy y siempre, a ti

En el entorno distinto aún por reconocer,
en mis palabras atropelladas de ilusión y vida,
te miro.
En la rabia del mal hendido por otros, de la dignidad traslúcida,
en el saberte de otro mundo nada similar a lo de ahí fuera,
te miro.
En el clamor silencioso de la más vulnerable exposición:
en el sexo alzado de ojos cerrados y pecho elevado,
te miro.
En lo desconocido del futuro,
en lo expectante de elegir,
te miro.
En la confusión de mi más hondo razonar,
en tu tacto de mi piel arrimada contra ti,
te miro.
En la desnudez del hablar sin reservas,
en la única regla impuesta, la honestidad,
te miro.
En las mañanas de suelo frío,
en las noches de sudor que anuncian hastío,
te miro.
En tus ojos brillantes y tu sonrisa de adentro,
en el temblor de tus manos y la ilusión de echar de menos,
te miro.
Hoy y siempre, a ti.
Hoy y siempre, te miro.

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