Hueles a café

En medio de la tormenta, hueles a café. A tu café.
Todas las mañanas, tostada de margarina y pan de corte transversal.
Antes de que salga el sol, incluso en verano, "que tengas un buen día".
Y de repente se me hizo oscuro minutos antes de amanecer, y estuvo oscuro largas horas.
Nunca antes se había hecho oscuro, aunque hubiera habido sombras.
Y esa mañana, olías a café.
"Luego esas cosas son las que escribes", dijiste.
¿Pero cómo no las voy a escribir?
Las escribo porque los olores distintos me hacen volar a otros tiempos, porque nos quiero así, no doliendo y libres: no dolientes.
Mi magia está en el frío de este no verano de nubes y somnolencia, de tanto por hacer.
En los sábados exhaustos y en el "hoy ha estado bien".
Podría seguir describiéndonos cada día y aún tendría cosas que decir, aunque a veces no me salgas.
Digo no me salgas de mí, de aquí de este adentro tan mío cuidadosamente oculto bajo toneladas de sed.
Mañana volveré a decírtelo.
Hueles a café.

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