La M de mi mapa

Era una ciudad muy vieja que olía a roto y renacer. Éramos más jóvenes que ahora, y ya empezábamos a envejecer. Mirábamos su cien torres, y a veces eran solamente diez, y otras veces eran solamente mil. Entre los escondirijos del castillo nos tumbamos en el suelo para sentirnos pequeños frente a tamaña catedral. Y luego en la plaza empedrada oímos un acento familiar de palabras muy extrañas. Y reímos.

Aquella vez adiviné cosas que nunca otros habían adivinado antes. Fui niña y torpe, saliendo de mi último huracán, del peor de todos. Pesaba cinco kilos menos, no era capaz de comer. Yo, ¡imagínate! Y entonces me llevaste a aquel sitio escondido donde habías cerrado algún negocio ya, y comí carbonara, qué si no. O quizá construyo el recuerdo y comí alguna otra cosa. Pero volví a comer en aquel viaje.

Has hecho de esa ciudad tu casa. Recuerdo el paseo por el barrio judío y cómo descubrimos que lo era. Recuerdo un viento cálido del sur en aquella sinagoga y una estatua de Kafka que no se me olvida. Me dejaste conmigo misma en aquel cementerio viejo, donde las leyendas, las historias y las vidas y las muertes se desdibujan invierno tras invierno.

Recuerdo que el idioma es palatable, y unas infinitas escaleras al metro. Tu susto en el metro, lo recuerdo también. Un after con demasiada tentación y más de uno confundido. Que vieran la paz de estar a tu lado como una provocación a sus valores más profundos, imagínate si hubiera llevado minifalda.

Recuerdo mis zapatos im-po-si-bles. Los que llevaba puestos en el viaje de vuelta. Aquella vez cogí dos aviones separados por menos de una hora, y me recorrí el Prat con una bolsa de deporte color coral y esos taconazos. Cuando me descalcé camino de mi Norte respiré.

No suelo sentir nostalgia cuando vuelvo, pero la siento de ti. Nos estamos haciendo viejos en nuestra inmensidad que es nada y es la vida. Y te extraño, la M de mi mapa. Tu juicio implacable en mis errores, tu maravillosa capacidad de descubrirme entre disfraces.

De ti siento nostalgia porque sé que, de entre todos, tú nunca vas a volver.

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